Dany Faccio, 13. Marzo 2017 Disfrutar

No me tengas pena: sólo es celiaquía

¿No te ha pasado nunca? Le dices a alguien que te han diagnosticado celiaquía y te dice “¡Uy, pobre! Y ahora, ¿qué vas a comer?”. O te dice que qué rollo, que no puedes comer fuera de casa, que nunca nadie tiene nada para ti…

Vamos a ser realistas: llegar al mundo sin gluten tiene sus complicaciones, por supuesto. De repente no sólo tienes que preocuparte por hacerte la comida como habitualmente, sino que tienes que aprender a cocinar de otra forma. También tienes que empezar a lidiar con, en ocasiones, la falta de comprensión y empatía. Hacer la compra al principio te lleva más tiempo y, sobre todo, más dinero. Y comer fuera de casa requiere, casi siempre, una planificación estratégica.

A todos nos gustaría no tener ninguna “tara”, ¿verdad? Pero es así: viene en el pack completo de tener un cuerpo y estar vivos. Hay muchas cosas que dependen de que llevemos unos hábitos de vida saludables y muchas otras que escapan a nuestro alcance.

Hay un dicho que me encanta:

Si el problema tiene solución, ¿para qué preocuparse?

Y si no la tiene, ¿para qué preocuparse?

Antipasti Tapas

Soy una persona sana (con celiaquía)

Hay casos complejos en los que el diagnóstico ha llegado tan tarde que ya han desarrollado otras patologías relacionadas con la celiaquía. Pero si el protocolo de detección precoz de la celiaquía funciona como debe, en el momento en el que nuestro intestino se regenera, no tenemos más complicaciones que ninguna otra persona. El gluten es lo único que nos hace enfermar y, si lo evitamos, estamos sanos. A día de hoy no existe una cura para la celiaquía, por lo que comer sin gluten es la única manera de mantenernos así. No es precisamente una medicina: es una dieta de restricción. Pero, pensándolo bien, casi que mejor: si me dijeran que me tengo que medicar de por vida lo llevaría mucho peor. Comer sin gluten no tiene efecto secundario alguno si lo hacemos bien. Lo cual me lleva al siguiente punto…

Desde que soy celíaca, como mejor

Aparte del hecho de que yo cuando era pequeña comía bastante mal, lo cierto es que, sin darnos cuenta, en nuestra dieta abusamos de los productos procesados. Tomates fritos, tranchetes en lugar de queso, pastillas de caldo, salchichas y otros embutidos grasos… Y esto no se aplica sólo para los celíacos: la realidad es que debemos consumir cada vez más alimentos y menos productos, y que aquellos productos que consumamos sean de calidad. En mi casa siempre hemos comido de manera bastante casera. Además, en el momento en el que empiezas a leer tanto las etiquetas empiezas a tomar mayor consciencia de aquello que ingieres. Además, empiezas a salir de la trilogía pan-pasta-arroz y añades a tu dieta otros cereales y pseudocereales. De repente descubres la quinoa, el sarraceno, el mijo… ¡Y eso hablando sólo de sus versiones en grano!

Soy la celíaca mimada de la casa

En mi familia, el tema de la comida, los cumpleaños y las visitas siempre ha sido objeto de celebración y ceremonia. Así, cuando nos visitamos entre nosotros, nos recibimos mutuamente con nuestras especialidades culinarias. Siempre recuerdo de la primera vez que visité al mayor de mis hermanos en Barcelona tras mi diagnóstico: me esperaba con un pan hecho por él mismo. ¡Eso no se paga con nada del mundo! Además, las reuniones familiares ya son completamente sin gluten para todos, sobre todo aprovechando que a día de hoy tenemos tantas opciones ricas de cosas que normalmente tendrían gluten. Mi familia ya sabe de sobra cuál es mi pan favorito y dónde encontrarlo.

urlaub flugzeug family

En seis años, la celiaquía no me ha parado

Yo ya tenía un kilometraje interesante antes de que la celiaquía llegara a mi vida. ¿Creéis que me iba a quedar de brazos cruzados viendo cómo el mundo pasaba por delante de mis ojos sin disfrutarlo? Ya cuando me diagnosticaron ya tenía en mente que me quería ir de beca al menos una vez más. En seis años de celiaquía he vivido en cuatro países diferentes y viajado a otros tres. En algunos momentos habré tenido más dificultades que en otros. Pero con todo lo que he aprendido de cada aventura, el gluten ha sido lo de menos. Ya sabéis que los celíacos tenemos que ser previsores a la hora de viajar sin gluten, pero poco a poco aprendes a improvisar. Como en todo en esta vida, la experiencia es un grado y sólo se adquiere pasando por ello.

Jamás estoy sola

Ya a nivel personal, no tengo una gran sensación de pertenencia a, por ejemplo, un país. Es algo que mucha gente siente y vive con mucha pasión pero que yo, por mis circunstancias, no experimento. Pero si hay algo de lo que me enorgullezco es de la enorme, generosa y preciosa comunidad celíaca. Suena hasta casi cursi, pero saber que allí fuera hay gente que pasa o ha pasado por los mismos dolores de cabeza que tú… reconforta. Hay días peores en los que te sientes incomprendido. Hay días en los que tu entorno, la mala suerte o las circunstancias no ayudan. Y compartes tu experiencia con otro celíaco y no sólo no le quita importancia, sino que además te apoya y te entiende. Y ese desahogo te sirve para pasar el mal trago y volver a levantarte.

¿Aún sientes lástima por mí?

En serio, no la tengas. Los celíacos somos gente sumamente feliz a la que es muy fácil agradar con tan solo tener algún detalle. Nuestro día a día está lleno de energía y nos rodeamos de gente que nos quiere y nos cuida. Somos luchadores, resolutivos y valientes porque no tenemos razón alguna para lo contrario. De cada desilusión salimos fortalecidos y con la lección aprendida. Y cada alegría la compartimos tanto con seres queridos y como con celíacos desconocidos. Comemos exquisiteces, disfrutamos del mundo y fotografiamos comida hasta la extenuación. Si eso no es disfrutar…

Seguro que no sólo yo he mejorado con la celiaquía… ¿Qué has ganado tú?

Saber más sobre el autor

Dany Faccio

La celiaquía no nos debe condicionar para nada, sino todo lo contrario: debe representar una oportunidad de hacer y concebir las cosas de otra manera, de conocer a gente nueva, de probar diferentes sabores y de descubrir increíbles rincones. Soy Dany y me diagnosticaron celiaquía casi sin venir a cuento a los 22 años. Jamás me planteé que pudiera suponer una limitación: desde entonces como igual de rico, viajo a cualquier lado y disfruto cocinando como siempre lo he hecho. Desde Singlutenismo apoyo a los celíacos y a su entorno en todos los aspectos posibles y a través de El Taller Sin Gluten imparto formaciones a nivel particular y profesional sobre cómo cocinar sin gluten. Lo único que quiero con todo ello es despertar al luchador que reside en cada corazón celíaco.

Comentario

Deja un comentario